¿El tiempo es oro?
Querer sacar el máximo rendimiento a cada minuto de nuestra vida es algo cultural. Cursos, trabajos, ocio, iniciativas, participación social, … nuestras vidas cada día están más programadas, con demasiadas fechas y horas marcadas. Vivimos a toda velocidad, sin dejar sitio libre a la espontaneidad ni a la improvisación.
Quizás debamos hacer menos cosas cada día –pero mejor hechas y disfrutándolas–. Haz una lista de actividades de las que puedes prescindir. Y regálate tiempo “para perder” cocinando con calma una receta muy elaborada, o liarte a charlar con un amigo que te encuentras, o mirar esas viejas fotos que guardas desde la niñez...
• Libera tu agenda. Unas pocas amigas a las que cuidamos y nos cuidan y no muchas a las que no podemos atender como se merecen, un viaje en el que visitamos un pueblo con calma y no tres con prisas...
• ¿Qué es lo verdaderamente importante? Hay cálculos que afirman que dormimos hora y media menos que hace cien años ¿Qué es más importante para una niña? ¿jugar con su papá con una pelota o una piedra o jugar con una niñera con el juguete más caro? Es necesario reducir un ritmo de vida que no nos deja tiempo para lo verdaderamente esencial: las personas que nos importan, descansar...
Haz una lista con las cosas a las que le dedicas más tiempo, dinero, energía... y comprueba si esas actividades se corresponden con lo que realmente consideras importante.
• ¿Y probar a no llevar reloj? Al principio puedes sentirte extraña. En pocos días te darás cuenta que sigues llegando a tiempo a todas partes y que no tener la vista siempre en la hora ayuda a vivir más relajadamente. Además, por todas partes hay montones de relojes y gente a quien preguntar la hora en un momento de necesidad.
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