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IDEA - Iniciativas de Desarrollo Aragonesas

Las tres bes: bueno, bonito y barato. 1/2

Las tres bes: bueno, bonito y barato. 1/2

Tradicionalmente calidad, belleza y un buen precio es lo mejor que debe ofrecer un producto o servicio.

 

El consumo consciente también busca eso pero sabe que fijarse sólo en las tres bes tiene peligrosos efectos, y añade nuevos criterios a tener en cuenta en la toma de decisiones: que nos ayude a tener una vida sencilla, saludable y agradable; que contribuya a cuidar el medio ambiente, a un reparto equilibrado de las riquezas, a preservar la diversidad de culturas... En la primera parte de este artículo presentamos dos de las cuatro claves para replantearnos nuestro consumo, en el próximo artículo expondremos las dos restantes:

 

Primero: huir de las falsas necesidades.

 

Debemos reflexionar sobre la influencia que tienen las campañas publicitarias en nuestras necesidades. Debemos ser críticos también con la publicidad que usa valores como salud, solidaridad o ecología, ya que muchas veces sólo son trampas para aumentar las ventas.

 

Algunas ideas prácticas:

 

–Hazte las siguientes preguntas: ¿lo necesito? ¿cuántos similares tengo ya? ¿cuánto lo voy a usar? ¿cuánto me va a durar? ¿podría pedirlo prestado? ¿puedo arreglarme sin él? ¿hay algo que ya tenga que pueda reemplazarlo?

–Evita las decisiones inmediatas. Espera un tiempo antes de tomar la decisión (dependiendo de su importancia: un día, una semana, un mes), dejar que el sentimiento de necesidad aparezca 3 o 5 veces...

–Conoce los trucos del marketing: productos en cabecera de pasillo, a la altura de los ojos o manos...

–Vete a la compra con una lista y procura ajustarte a ella

–Ponte un presupuesto (semanal, mensual) e intenta ajustarte a él. Lleva la cuenta de cuánto gastas.

–Evita el uso de tarjetas de crédito.

–Lo gratis también puede ser consumismo: cuidado con los regalos promocionales...

 

Debemos de considerar el valor de lo excepcional. Puede aumentar el placer espaciar en el tiempo los “caprichos” que nos damos. Lo que nos ahorramos podemos invertirlo en mejorar su calidad.

Comer menos fuera de casa cambiando la comida rápida por algo más especial, piña y langostinos sólo en navidades, menos dulces: pero buenos bizcochos caseros en vez de bollería industrial, o menos carne o quesos, pero más ricos: ecológicos, con denominación de origen...

 

Segundo: deseducarnos.

 

Nuestra cultura actual nos ha inculcado muchos valores que tenemos muy interiorizados. Deshacernos de ellos es un camino largo.

¿Qué es bonito, qué es bueno? ¿Una manzana grande, conservada en cámara, sin manchas y brillante es mejor que otra más pequeña con algún agujero de gusano?. Probablemente la segunda será más sabrosa, sana y ecológica.

¿Qué es barato y qué es caro? Quien haya quitado arrancando a mano las malas hierbas a un bancal de zanahorias puede entender el sobreprecio de las ecológicas frente a las convencionales. Y todas sabemos por qué lo que viene de China sale tan barato ¿no?

Las cosas no valen lo que cuestan. Si los salarios fuesen justos en todas partes, si se aplicase aquello de “quien contamina paga”, si la distribución a gran escala no abaratase tanto los costes... o sea, si el precio de los productos incluyese sus costes sociales y ambientales, cambiarían mucho los precios. Los zapatos de plástico costarían más que los de piel, el papel reciclado menos que el “normal”... No es razonable que unos guisantes congelados que han necesitado pesticidas, envases, cámaras, ser transportados desde China... salgan más baratos que los del pueblo de al lado. Apoyar a los productos de distribución minoritaria y a las pequeñas empresas y comercios ayuda a que puedan bajar sus precios.

¿Comodidad? Usar pañales de tela lavable ¿engorro o satisfacción?:

Si quieres hacer algo, sacas tiempo y te satisface hacerlo. Si no lo quieres hacer, por poco tiempo que le dediques siempre te parecerá una carga. Además, si no dedicamos tiempo a las cosas que para nosotros son importantes, ¿a qué se supone que debemos dedicarlo?25

Consumir “con criterio”, ¿es más caro? Si tomando una actitud de consumo consciente gastamos más quizás no nos estemos haciendo las preguntas adecuadas. Muchas opciones conscientes son más caras: el mismo producto es más caro en la tienda de barrio que en el súper, pero, además de ganar en salud y calidad, al prescindir de muchas cosas superfluas, globalmente nos saldrá más

barato.

La pasta de dientes me dura 4 veces más porque aprendí que con poner un poquito en la puntita era suficiente, la clave está en cepillar bien. Respecto a la carne como un par de veces a la semana y me sobra, eso sí cuando como, como carne bien rica. Además cojo muy poco el coche y estoy ahorrando un dineral en gasolina gracias a que comparto el coche. Como he mejorado el aislamiento en casa y me he acostumbrado a llevar un jersey, no gasto tanta calefacción. Este verano haré intercambio de casa para las vacaciones y si sigo así voy a empezar a pasar de las horas extras.26

El consumo consciente no pretende cambiar unas marcas por otras ni crear nichos de mercado elitistas para que gente con pasta compre productos “verdes”.

+info: www.nodo50.org/consumirmenosvivirmejor

 

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